viernes, 9 de julio de 2010

Mi absurda relación con las finales

9 de julio de 2006. Hace cuatro años en una habitación de un hotel de Paris y con la mejor compañia que se pudiera desear, me preparaba a celebrar la cuarta victoria de mi Italia, la primera de mi vida. El narrador italiano de ese partido, Fabio Caressa, nada más marcar Grosso el penalti decisivo, dijo una frase que se quedó profundamente grabada en mi memoria: “ Mirad donde estáis, porque no lo olvidaréis jamás! Mirad con quién estáis, porque no lo olvidaréis jamás!”


A distancia de cuatro años no lo olvidé, sería imposible hacerlo, y aún me parece estar allí y probar esa misma emoción. Tras cuatro años, cómo es normal, muchas cosas han cambiado porque el tiempo pasa por todos y sólo queda la cuarta estrella cómo el recuerdo desvanecido de una épica victoria.

Ahora faltan dos días para la final de este mundial sudáfricano, una final inédita que enfrentará Holanda y España, y donde el ganador, sea quien sea, probará el dulce sabor de la primera vez. Para España será la primera final mundial de su historia y sería increible ganarla en el primer intento. Holanda con sus campeones Robben y Sneijeder espera no revivir la pesadilla de otros grandes protagonistas, Cruijff entre todos, que perdieron dos finales consecutivas en 1974 y en 1978.

El dato confortante para los de Van Marwijk es que en los anteriores casos la naranja mecánica perdió contra los equipos organizadores, Alemania y Argentina mientras que esta vez la final se dispúta en territorio néutro. Un territorio que pero de igual manéra podría ser más favorable o más hostil a los holandeses por su pasado colonial en esas zonas.


Sin embargo, si es cierto que donde caben dos caben tres y España ganara la final, quedaría demostrado que decididamente tengo el gafe constante por no estar en el sitio adecuado durante las finales de mundiales o Eurocopas, ya que tras la victoria de Italia celebrada durante un viaje a Francia, y después de tanto tiempo viviendo en España, siempre me toca asistir a las victorias de la Roja desde Italia, lejos de la locura completa, y de la impactante sensación de todo un país que celebra su gloria.

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